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La lexicalización del pensamiento en paralelo y otras metáforas

mayo 25th, 2011 Posted by arallel thinking, blog, metaphors, on second thoughts No Comment yet
Aunque la teoría del pensamiento en paralelo ha surgido hace relativamente poco tiempo, resulta muy curioso descubrir cómo en una gran cantidad de expresiones y frases hechas podemos encontrar indicios y veladas referencias a ella. Expresiones como «una parte de mí piensa que…», «la voz de la conciencia le decía que…» o la habitual división entre «lo que opina el corazón y lo que opina la cabeza» nos hacen sospechar de que en nuestro interior no estamos tan solos como pensamos, sino que hay otros que se comunican misteriosamente con nosotros, ayudándonos en algunas ocasiones, saboteándonos en otras y, a veces, sencillamente acompañándonos.

Bien pensado, el pensamiento en paralelo ofrece claras ventajas evolutivas que, en cierta manera y de manera ya poco sorprendente, pueden asemejarse a los modelos de programación informáticos. Resulta mucho más fácil crear una rutina que realice una operación muy sencilla, por ejemplo detectar tipos muy específicos de errores dentro de un texto, aunque esas rutinas no serán capaces de obtener una visión global de un problema, a no ser que una rutina central trabaje con los resultados de cada una de ellas. Por expresarlo con una metáfora más sencilla, el pensamiento en paralelo le permitiría a un depredador evaluar por separado con gran rapidez los diferentes aspectos de una situación de caza, no solo la información sensorial sobre la presa y el entorno, sino también las distintas posibilidades de acción, pero sin que ascendiera a la superficie más que la información más relevante para la situación. Como ejemplo de esto, algunos ajedrecistas dicen percibir en ocasiones una «sensación de peligro», después de determinadas jugadas por parte del contrincante, que les alerta de que pueden estar a punto de perder la partida, aunque son incapaces de expresar exactamente de dónde proviene dicha sensación.

Los ordenadores actuales, como si fueran animales que también evolucionan, parecen estar siguiendo dicha tendencia y desde hace pocos años los procesadores con varios núcleos son la moda. La consola PlayStation 3 se caracteriza por disponer de un procesador central relativamente poco potente, pero con varios procesadores adicionales a los que se puede delegar determinadas actividades, un modelo que se ha recibido muchos elogios por parte de los técnicos y críticas por parte de los programadores, que encuentran difícil trabajar de esta manera, por asombrosos que sean los resultados. Efectivamente, nos resulta muy difícil pensar de manera no secuencial, probablemente porque la centralización de la toma de decisiones ha demostrado ser tan fundamental para nuestra supervivencia como la existencia de multitud de opiniones en nuestro interior.

La teoría del pensamiento en paralelo plantea un buen número de interrogantes fascinantes, ¿cuántos «procesadores adicionales» tenemos en nuestro interior?, ¿dos, diez, cien, millones?, ¿son estables dichos procesadores (lo que demostraría, por ejemplo, que efectivamente hay una voz de la conciencia en nuestro interior) o se crean y se destruyen según la situación?, ¿nace el ser humano con todos los procesadores o se van formando a medida que se desarrolla?, ¿cuentan también otros animales con estos procesadores? Preguntas fascinantes cuyas respuestas podrían redefinir nuestra concepción del ser humano y permitirnos tratar determinados trastornos que podrían estar causados por problemas de acoplamiento entre estos procesadores.

Aún cuando esta teoría no resulte tan prometedora como parece, puede ser muy inspiradora a la hora de diseñar todo tipo de sistemas. Siguiendo los preceptos de la biomimética, si la naturaleza ha elegido esta vía para procesar la información, bien merece la pena tenerlo en cuenta. Un sistema muy complicado probablemente podrá ser más eficaz si se descompone en unidades básicas que intercambian inteligentemente información que, de por sí, no es tan inteligente. ¿Podría ser?

by J. Perea

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