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La traducción es un campo que plantea múltiples preguntas al investigador. Las que me interesan tienen que ver con los conocimientos del traductor y su desarrollo: ¿Qué sabe el traductor? ¿En qué se diferencian sus conocimientos del bilingüe? ¿Cómo se hace el traductor?

Creo que para responder a las dos primeras preguntas podemos partir de los estudios de la psicología cognitiva acerca del conocimiento experto. Sus aportaciones dibujan un perfil del traductor experto que se aleja sustancialmente de la imagen del profesional que fía sus decisiones a su intuición. Si concebimos al traductor como un experto tendremos que pensar que conoce procedimientos complejos, diferentes de los de la traducción literal o palabra por palabra, y que puede aplicarlos con rapidez. Pero hay dos características que definen claramente al traductor experto en relación con el novato bilingüe. Una es su capacidad de identificar y clasificar problemas como paso previo a su toma de decisiones, de manera que puede recurrir a su experiencia previa de manera eficaz. La otra es su capacidad de tomar sus decisiones y de evaluarlas en relación con los datos concretos del texto y de la situación comunicativa.

Si aceptamos el concepto de traductor experto como el del que aúna conocimientos operacionales y conocimientos abstractos, la respuesta a la tercera pregunta será que el traductor se hace por la práctica y la reflexión sobre la práctica. A este respecto me gusta citar a Kant, quien dijo que «la teoría sin la práctica es estéril, la práctica sin la teoría es ciega».

En mis asignaturas he procurado desde siempre aplicar la máxima de Kant a la metodología, propiciando que los estudiantes traduzcan, claro está, pero también que aprendan a justificar o defender sus traducciones con argumentos que vayan más allá de estereotipos como «he tratado de ser fiel» o «esta solución me ha parecido más correcta». Aplicando la misma máxima a mi propia práctica docente, y a raíz del proceso de Bolonia, he investigado y aplicado nuevos métodos de evaluación y actualmente estoy investigando métodos de autoevalaución de los mismos estudiantes.

Mis aficiones son, por este orden, la lectura, la cocina y la jardinería. La lectura me abre la puerta a otros mundos, la cocina me enseña que en la vida todo es cuestión de combinación y dosificación de los ingredientes y de tiempo, y la jardinería me enseña que una lluvia a destiempo puede dar al traste con mis mayores esfuerzos.



 
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