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Susana
Cruces
Colado

Publicaciones
La mayoría de nuestros procesos mentales son inconscientes. Por eso también lo son una buena parte de las operaciones mentales durante la actividad de la traducción. Sin embargo, estas no surgen espontáneamente, sino que se automatizan como resultado de un aprendizaje consciente e inconsciente.

Como docente de estudiantes de traducción en las etapas iniciales de su formación durante más de diez años, la observación en las aulas de la aparición de conductas traductoras similares (no necesariamente errores) que se repiten a lo largo de los años me han llevado a interesarme por el cómo traducimos, y no solo por el resultado producido. Es decir, por la famosa “caja negra” del cerebro de los traductores, puesto que dichas conductas son el resultado tanto de factores individuales, como sociales, ya que los individuos no construyen su conocimiento como un ente aislado del mundo en que viven.

Con este fin la metodología más adecuada para por el estudio de los procesos cognitivos que poseemos en el estadio actual de las ciencias, es el método empírico-experimental. Este, aunque sea modestamente, nos permite intentar comprender qué factores pueden influir en los resultados observados. En la medida en que profundicemos en la comprensión de dichos procesos y de la adquisición del conocimiento experto que supone traducir, podremos mejorar la formación de los estudiantes en el diseño de las clases, en la organización general de los estudios, y en defintiva, mejorar la preparación de profesionales.

Además, considero que los recientes avances del conocimiento sobre el funcionamiento de nuestro cerebro tanto desde la psicología, como desde la neurología, pueden darnos claves para la emisión de hipótesis en el diseño experimental como para dar cuenta de resultados que coroborren los de estas disciplinas que guardan estrecha relación con la nuestra.

Aprender, por el puro y simple placer de aprender, ha ejercido siempre una gran fascinación en mí. Por eso me gusta leer, además de literatura, todo lo que tenga que ver con la divulgación científica, especialmente de ciencias “duras” como biología, química o física. Mi cerebro también necesita otro alimento fundamental para viajar a las emociones: la música, de registros épocas y estilos variados.


 
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